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Crônicas

 

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"Ironman" por Oscar Galindez
Autor: Oscar Galindez
Ano: 2003
 
Estoy mirando hacia un cuadro con mi foto de la llegada del Ironman de Hawai de 2002.
Se pasaron 17 años para ser pillado en esa foto.
Todos esos años tuve un tremendo respecto por el Ironman del Hawai, que es mi fuente de inspiración.
Fue por él que me aficioné por ese deporte de locos, según dicen los espectadores.

“El deporte y el hombre” era el nombre del programa donde vi por primera vez imágenes del Ironman del Hawai.
Era el año de 1986 y yo tenía 16 años, aun jugaba baloncesto y ya sabia quien era Mark Allen, Dave Scott, Scott Tinley y Scott Molina.

25 años y más de 50.000 triatletas de todo el mundo soñando con la vacancia, la ilusión de estar mezclando entre más de 1700 participantes.

El Ironman del Hawai fue el principio del triatlo en el mundo, y sigue siendo la demostración del verdadero triatlo, la esencia, el ápice, la NBA del triatlo.

¿La gloria es solo de los que soben al podio?

17 horas separan la largada del encierre del tiempo oficial para completar el desafío.
La mística isla y el paisaje hostil, se preparan para recibir los sueños e ilusiones de más de 1700 almas.

El ambiente es tenso, la mente repasa en flash el curso.
Las dudas quedan despejadas.

Sobre el océano pacifico se reflejan rostros tensos, concentrados, los ojos fijos en el mar cristalino.

El duelo esta por empezar.

Por fin se escucha el disparo, los cuerpos se mezclan con los peces que habitan el mar, como eles, seguimos nadando en cardume.
Brazos buscando un lugar, los batimientos aumentan, la voz del cerebro ordena:

¡ Es capaz!

Una escuadra dibuja la estera, viramos en el barco, un poco más y daremos fin en la parte menos dolorida.
La torcida cuida de la fatiga, resucitan las fuerzas, el paisaje hostil se vuelve multicolor con la caravana de cuerpos y maquinas fusionados para ganar del viento fuerte.

Los cuadríceps se hinchan, las rodillas y espaldas berrean de dolor, pero como en choque de pistones, seguimos imponiendo el ritmo.
Ya falta menos, las ilusiones renacen, se alivian los rostros que esperaban ansiosos.

Miles de palmas reparten garras y corazones.

Con las piernas extenuadas y la marca del sol en las espaldas, el cerebro insiste:

¡Es capaz!

Como gladiadores, salimos para enfrentar los últimos 42 leones que esperan hambrientos para arrancar con sus garras afiladas, las ilusiones de los que aun siguen luchando por un lugar en el paraíso.

¡Vamos! falta menos que antes, miento a mi, pasos que siento en las espaldas persiguen los mismos sueños.
Por un instante mi cuerpo y mente se separan, como queriendo huir de tanto dolor, sigo me moviendo como embriagado, el desespero toma cuenta de mi integridad, de repente mi mente y cuerpo se encuentran de nuevo.
Lo único que me interesa es llegar para ser pillado por la misma camera que sacó la foto que estoy mirando hacia el cuadro...

Vale, el Ironman es una poesía, la que me hace vivir, esforzarme, soñar, persistir, dedicarme, ¿para qué ? Me pregunto.

Para tener un lugar en el paraíso.

¡Felicitaciones Ironman!


Oscar Galindez.